jueves, 15 de enero de 2009

Ella en la punta del cerro del tesoro.


La ciudad guarda una belleza no posible contemplar mas que desde los ángulos y momentos apropiados, verla desde lo alto esta noche despejada le da el matiz de un pequeño cielo estrellado, enigmático, repleto de millones de minúsculas estrellas amarillas y blancas acomodadas en armónico orden a lo largo y ancho de los bloques de colonias y sus ramificaciones de calles, dinámico con decenas de miles de mecánicas estrellas fugaces navegando por sus arterias cada una hacia un puerto secreto, bailando un vals al ritmo de compases verdes, amarillos y rojos. Esta noche no te acompañe a casa, ahora alguien mas caminaba a tu lado y no quise interrumpir te veías feliz... ¿Que puedo hacer si no vagar? a donde va un fantasma cuando ve el vació que ha dejado tras su partida, dime como consolar el dolor de aquellos que anhelan tu perdida vida, no volvemos al hogar ni pertenecemos a ningun sitio, que hago ¿Soñar acaso? no lo creo para soñar se debe tener una vida a la cual darle sentido y claramente ese requisito ya no lo reúno. Y hoy comprendo, aquí puede ser el cielo como el infierno, miramos a las estrellas esperanzados de hallar allí el sentido a nuestro camino pero allí radica nuestro primer error fundamental, ahora desde la altura veo mis propios astros allí abajo, artificiales y opacos pero eran míos y yo pertenecía a ellos, fui tan lejos para darme cuenta de que lo que incansablemente busque se encontraba aquí. Pero eso me responde el porque aun sigo aquí y quiero un cigarro.

2 comentarios:

  1. Guau... Espero que sigas escribiendo, aunque no sea aquì. Ese estilo que tienes, tan suave, es algo que me a gustado de ti desde antes de conocerte ^^

    ResponderEliminar
  2. El infierno nos rodea cuando perdemos toda esperanza. Cuando toda la ilusión esta maldita. No dejes que te alcance, nadie se libera.
    Ponyo

    ResponderEliminar