sábado, 3 de enero de 2009

El vagon


No me sorprende verte así de ensimismado, se ha enraizado en ti la soledad y el abandono, nada te distinguiría ahora de las cientos de individuos que viajan es este vagón, anhelo que dentro de ese océano de ideas, sueños y pesadillas te encuentres librando fieras batallas para liberarte y volver a ser tu. Es curioso verles, a pesar de ser tantos ninguna desea tocarse con otro, no hay espacio ni para alzar el brazo sin embargo idean el modo de evitar el contacto, en realidad se encuentran aislados, nadie mira a nadie y todos a la vez al horizonte en un punto imaginario, cada uno por si mismo constituye un universo con cielos e infiernos, desearía saber como penetrar en sus mentes, como penetrar en la tuya. Las estaciones se agotan una tras otra, recuerdo ahora que me contabas como deseabas que un día el tren al sumirse en el túnel no llegase a la estación de siempre o doblar en una esquina y que esta condujese a un lugar completamente extraño, pero ahora solo veo tu rostro pálido y las ojeras que comienzan a incrustarse en el, mi mundo se ha vuelto visual, deseo sentir los vellos que has dejado por tu mal rasurado o el olor de tu cuerpo al salir de la ducha, pero todo eso se ha convertido en una sombra que se difumina en el camino, lo único que se conserva es esa sensación del dolor que te recorre el cuerpo o lo que sea que soy yo. Iré a dar una vuelta por allí a vagar como vagamos los amorosos fantasmas. Vuelto al rato para regresar contigo a casa.

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