martes, 11 de agosto de 2009

Ayer fue un día para no olvidar.

Hace ya tiempo reflexionaba sobre la vanalidad y la vulgaridad de la manera en el que el hombre contemporáneo sobrelleva su paso por este mundo, ayer volví a ver a la muerte a los ojos, en los ojos de mi padre.
Ayer comprendi lo absurdo de guardar odio a un muerto, entendí el dolor de quienes han perdido a un ser amado, el sentido de la frase "nunca te vayas sin decir te quiero". Y arrastrado por las enfermeras fuera de la sala de emergencias, ¿porque piensas inevitablemente en un dios? y tu vanidad de ser pensante donde queda tras desenterrar la fe de la que tanto te burlas, sentado en la sala de espera, tu corazón late como preso en tu pecho y cada vez que la puerta se abre sientes como una ruleta rusa y aprietas las manos para que las balas de los doctores no apunten hacia ti, y como una mala película con final trágico no deseas que se pare frente a ti alguien apretando los labios para decir algo que no deseas escuchar pero no puedes esquivar.
Y el que ese momento no llegue con los minutos te va llenando de una ficticia paz, y después piensas en que momento volvimos dioses a los doctores, depositando tu poca esperanza en las manos de unas personas que igualmente son afectadas por el mundo como tu, y dentro de ti deseas que quien este allí dentro haya dormido bien o este de buen humor, ame su trabajo o no crea que los pacientes son maniquies desechables.

Y no puedo cerrar los ojos sin volver a ver esa imagen una y otra vez, la luz extinguiendo de esos ojos y los brazos perdiendo la batalla, cayendo como soldados de plomo sin una pierna, y tu te preguntas cuantas cosas no sabes, ¿Que es la vida? ¿Que es importante?, y ayer pude ver al fondo de esos atormentados ojos mientras el dolor les recorría la espina y vi la muerte mirándome, ahora no se si la veo en todos los rincones y en cada uno de nosotros como algo latente soló aguardando el instante en cada uno de nosotros para florecer y darnos su gélido abrazo.

Hoy mas que nunca me convenzo que no soy mi cuerpo y que no soy mi nombre, no soy y soy a la vez, y que soló voy de paso por aquí, y ayer mira al infinito en los ojos de quien me ayudo a venir aquí, y pude ver en la profundidad de su universo una llama extinguiendose y alcance el nirvana en la tragedia, ahora lo comprendo todo, comprendo el sentido de la vida y de la muerte. Y ahora entiendo porque Budha duro 2 semanas bajo el árbol bodhi aun después de haber alcanzado la plenitud, dentro de si mismo sabia que no todo el conocimiento del universo es útil para compartirse y reflexionaba sobre su propia experiencia, porque el nirvana no se contiene a si mismo ni esta fuera de si. Y ayer mi padre no moría, despertaba.

Yo ayer tuve la experiencia mas positiva de mi vida, ayer volví a abrazar con amor a la vida.

Que el dolor ajeno no me sea indiferente, que el propio no lo sea.

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